Visión

Con la vista puesta en un horizonte a más largo plazo que esta Estrategia, hacia 2040, España habrá consolidado un ecosistema integrado, coherente y evaluable de cultura científica y de la innovación, en el que la comunicación social de la ciencia forme parte estructural del sistema de I+D+I y de la vida cultural, educativa y democrática del país. Este ecosistema estará alineado con los principios de ciencia abierta, responsabilidad social e inclusión, y se articulará a través de políticas públicas coordinadas, mecanismos estables de gobernanza y sistemas de evaluación informados por la evidencia.

La comunicación social de la ciencia será reconocida como una función esencial, profesionalizada y evaluable dentro del sistema científico, con estructuras estables de apoyo, formación reglada y reconocimiento para todos los agentes implicados en su actividad. 

Asimismo, el ecosistema contará con estándares compartidos de calidad y ética en la comunicación social de la ciencia, alineados con recomendaciones internacionales como las de la OCDE sobre comunicación responsable de la ciencia (OECD, 2021, 2023). Esto implicará el desarrollo de marcos de evaluación comunes o adaptables, el fortalecimiento de la investigación en comunicación social de la ciencia y la consolidación de una práctica profesional informada por la evidencia. 

En el ámbito social, la ciencia se habrá integrado plenamente en los espacios públicos, culturales y mediáticos, formando parte habitual de la conversación social. Museos, centros de ciencia, bibliotecas, medios de comunicación y plataformas digitales actuarán como nodos activos de diálogo entre ciencia y sociedad. La sociedad dispondrá de oportunidades reales, inclusivas y sostenidas para participar activamente en la ciencia y la innovación, no solo como receptora de información, sino como agente corresponsable en la producción de conocimiento y en la toma de decisiones públicas. 

Reconociendo además el extraordinario valor del conocimiento en una gran cantidad de decisiones o debates actuales en los ámbitos más diversos (salud, energía, agricultura, obras públicas, etc.), se promoverá la capacitación y colaboración en la coproducción de conocimiento, para fomentar la participación social en temas de interés público relacionados con la ciencia y la innovación. En este contexto, se reducirá la brecha entre interés, acceso y participación en este ámbito identificada en la línea base actual, mediante políticas específicas orientadas a la inclusión de colectivos infrarrepresentados y el fortalecimiento de la alfabetización mediática. La cultura científica se consolidará como un derecho efectivo y un bien común, contribuyendo a una sociedad crítica, informada y capaz de tomar decisiones fundamentadas.

Finalmente, la ciencia será entendida y practicada como un bien público al servicio del interés general, contribuyendo de manera tangible a la sostenibilidad, la cohesión social y la calidad democrática. En línea con marcos internacionales como los promovidos por UNESCO (2024), los diferentes mecanismos de deliberación pública reforzarán la toma de decisiones públicas informadas por la evidencia científica.