Diagnóstico

La Estrategia Nacional de Cultura Científica y de la Innovación (ENCCI) parte de un diagnóstico de contexto en el que se identifican fortalezas y oportunidades que es preciso consolidar, así como retos, barreras y amenazas que es necesario abordar.

Entre las principales fortalezas, destaca, en primer lugar, que los objetivos de la ENCCI están respaldados por un compromiso político sólido y por un marco legislativo, representado principalmente por el artículo 38 de la Ley de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación. La existencia de una Red de Unidades de Cultura Científica y de la Innovación representa otra gran fortaleza, no solo por su singularidad reconocida internacionalmente, sino también por su grado de madurez y su extensión por todo el territorio español. Existen también otras estructuras e instrumentos de apoyo a la cultura científica y de la innovación, tales como la Convocatoria de ayudas para el fomento de la cultura científica y de la innovación, el Servicio de Información y Noticias Científicas - SINC, el Science Media Centre España - SMC (integrado en una red internacional), el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología, el Real Jardín Botánico, el Museo Geominero, el Museo Nacional de Ciencias Naturales, la Residencia de Estudiantes o las diferentes Casas de la Ciencia del CSIC. Se suman a estas las estructuras e iniciativas propias de otras administraciones públicas -autonómicas, municipales, etc.-, así como del sector privado. Se cuenta también con una extensa oferta de formación especializada en comunicación social de la ciencia, articulada por las universidades en programas de máster y postgrado, que en algunos casos supera los treinta años de trayectoria. Finalmente, existen estructuras dedicadas a la investigación y al avance en el conocimiento de la comunicación social de la ciencia.

El establecimiento de la ENCCI en este momento está reforzado por claras oportunidades. Por una parte, la demanda de una aproximación entre la ciencia y la sociedad, y su alineación con las políticas de ciencia abierta, apoyan la idoneidad de la Estrategia. Además, la creación de instrumentos como el PERTE (Proyecto Estratégico para la Recuperación y Transformación Económica), la Nueva Economía de la Lengua, y el fomento de la riqueza lingüística propia de cada Comunidad Autónoma como vehículos fundamentales de intercambio y divulgación científica pueden ser decisivos en el estímulo de la participación social en todo el territorio. Asimismo, la reforma de la evaluación de la investigación actualmente en curso, con iniciativas como COARA (Coalición para el Avance de la Evaluación de la Investigación), favorece el despliegue de medidas para fomentar la comunicación social de la ciencia y en particular la implicación del personal investigador en esta tarea. Por su parte, las encuestas de percepción social de la ciencia son un instrumento muy útil para medir la efectividad de las acciones de promoción de la cultura científica y servir de herramienta diagnóstica que guíe las acciones de la ENCCI.

No obstante, la ENCCI se enfrenta también a importantes retos y barreras. En primer lugar, la mayor parte de la comunicación social de la ciencia que se realiza en la actualidad se sigue orientando hacia la corrección de carencias cognitivas (modelo de difusión) y actitudinales (modelo de diálogo), mediante la difusión social de la ciencia de manera unidireccional, mientras que no se están incorporando realmente otros modelos eficientes para fortalecer el vínculo entre ciencia y sociedad. 

Por otra parte, no existe una integración transversal de la comunicación social de la ciencia en las políticas del SECTI, lo que plantea problemas de articulación práctica de numerosas iniciativas y reduce su eficiencia. Tampoco existe un marco común de evaluación de la comunicación social de la ciencia que se base en criterios de calidad y establezca medidas para potenciar su orientación a las necesidades de la sociedad. Del mismo modo, también falta un marco ético común que oriente las buenas prácticas en comunicación social de la ciencia.

En las instituciones dedicadas a la investigación existe un escaso reconocimiento de la comunicación social de la ciencia, por lo que ésta se sitúa en un plano secundario y se realiza con escasos recursos humanos y materiales. Por otra parte, tanto en el sector público como en el privado hay un gran desconocimiento de la existencia de un ámbito profesional especializado en CSC, por lo que esta función o bien no se realiza o es cubierta por personal sin formación específica. Por ello, es necesario reconocer y apoyar claramente la comunicación social de la ciencia como ámbito especializado y profesionalizado.

La investigación en comunicación social de la ciencia en nuestro país es escasa y suele estar poco conectada con los problemas y las necesidades prácticas, por lo que el conocimiento alcanzado es, en general, difícilmente transferible a la práctica real.

La comunicación social de la ciencia se enfrenta también a diversas amenazas. Una de las más preocupantes es el crecimiento exponencial de la desinformación. La exposición a la desinformación está fomentada en muchos casos por grupos interesados y es potenciada por los algoritmos de las redes sociales, la inteligencia artificial generativa y por determinados influencers o productores de contenidos que buscan la polarización y tienen una gran capacidad de impacto. Este fenómeno es todavía más preocupante a la luz de la complejidad intrínseca de los temas científico-tecnológicos. 

Por otra parte, el predominio de la competencia sobre la cooperación institucional supone una amenaza para la integridad de la comunicación social de la ciencia. Además, existe un riesgo real de que la búsqueda de visibilidad y atención mediática comprometa la autonomía y la credibilidad de la investigación. Finalmente, hay que considerar también que, ante el negacionismo y el populismo científico, se puede producir un fenómeno de reacción consistente en el auge del cientificismo dogmático, socavando el pensamiento crítico respecto a la propia ciencia.